Religión

¿Un exorcismo expulsa al diablo? Lo que dicen la fe, la psicología y la experiencia

Por Notas al Minuto•2025-08-27
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Hablar de exorcismos siempre genera debate.

Algunos los ven como rituales arcaicos propios de películas de terror, otros como un acto de fe necesario para liberar a alguien del mal.

La gran pregunta es: ¿un exorcismo realmente expulsa al diablo o se trata de otra cosa?

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Después de más de dos décadas investigando temas religiosos y cubriendo rituales de este tipo en diferentes partes del mundo, tengo claro que la respuesta no es tan simple.

Qué es un exorcismo según la Iglesia

En la tradición católica, un exorcismo es una oración solemne en la que un sacerdote autorizado invoca el nombre de Cristo para expulsar a un demonio o espíritu maligno que atormenta a una persona.

No es un espectáculo público ni un ritual improvisado: la Iglesia establece protocolos estrictos.

Primero debe descartarse cualquier enfermedad mental o física, y solo en casos extremos se autoriza la práctica.

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En Roma, hace unos 15 años, fui testigo de un exorcismo real en una pequeña parroquia.

No se parecía en nada al cine.

No había crucifijos gigantes ni voces demoníacas dobladas.

El exorcista era un hombre mayor, sereno, que rezaba en latín y rociaba agua bendita mientras la mujer involucrada se retorcía, gritaba y parecía luchar contra algo invisible.

Aquello me dejó una marca profunda, no por lo “sobrenatural”, sino por lo humano: una familia desesperada, una mujer en crisis y un sacerdote que buscaba devolverle la paz.

¿Expulsar al diablo o aliviar un tormento?

El gran dilema es si estos rituales realmente expulsan al diablo.

La Iglesia sostiene que sí, que se trata de una batalla espiritual contra una presencia maligna.

Pero desde mi experiencia periodística y humana, muchas veces lo que se expulsa no es un demonio con cuernos, sino un caos interior: traumas, dolores emocionales, enfermedades no diagnosticadas.

He visto mujeres y hombres que, después de varios rituales, recuperan cierta calma.

Pero también he visto casos donde los médicos explicaron los síntomas como epilepsia, esquizofrenia o trastornos de personalidad.

Y sin embargo, las familias insistían: “fue el exorcismo lo que lo salvó”.

En mi propia vida, como alguien que creció en un hogar católico y luego se volvió más agnóstico, aprendí que el exorcismo no siempre es la expulsión literal de un demonio, sino un puente entre la fe y la medicina, un recurso en momentos de desesperación.

Exorcismos en distintas religiones y culturas

Una de las cosas más fascinantes que descubrí en mis investigaciones es que no solo la Iglesia Católica practica exorcismos.

  • En México, entrevisté a un pastor evangélico que veía al “diablo” como la adicción. Realizó un exorcismo a un hombre drogodependiente, y tras el ritual este dejó las drogas y reconstruyó su vida. Para el pastor, no había duda: el demonio era la droga.
  • En comunidades indígenas de América Latina, presencié rituales donde chamanes usaban cantos, hierbas y símbolos para “expulsar malos espíritus”. El efecto, más que mágico, era terapéutico: la persona se sentía acompañada, escuchada y sostenida por su comunidad.
  • En la India, cubrí un rito hindú en el que un niño con síntomas de epilepsia fue sometido a mantras y ofrendas. Tras el ritual mejoró, pero los médicos diagnosticaron un trastorno neurológico. Para la familia, lo que había funcionado era el exorcismo.

Lo común en todas estas tradiciones es la búsqueda de alivio frente a un sufrimiento que no encuentra explicación.

Cómo es el proceso de un exorcismo

Aunque cada religión tiene sus particularidades, hay puntos en común en la mayoría de rituales:

  • Identificación del problema: primero se determina si la persona sufre una posesión, una influencia negativa o una enfermedad psicológica.
  • Autoridad espiritual: solo una figura reconocida —sacerdote, pastor, chamán, líder religioso— puede realizarlo.
  • Ritual: oraciones, invocaciones, uso de símbolos (agua bendita, cruces, cánticos, mantras).
  • Liberación: se busca que la persona logre paz, deje de mostrar resistencia o violencia, y vuelva en sí misma.

En la práctica, lo que más impresiona no son los gestos externos, sino la intensidad emocional.

He sentido escalofríos, un peso extraño en el aire, y he visto cómo después de gritos y convulsiones la persona terminaba llorando con alivio.

El diablo: ¿realidad o metáfora?

¿Existe el diablo como entidad real?

Esa es la gran pregunta.

Para la Iglesia Católica y muchas religiones, sí.

Para otros, es una metáfora de nuestros miedos internos, adicciones, traumas y caos emocional.

Yo mismo sigo dudando.

Hay momentos en los que lo que vi parecía inexplicable: voces extrañas, fuerza descomunal, rechazo visceral a lo sagrado.

Y otras veces todo parecía tener una explicación médica o psicológica.

Al final, me inclino a pensar que el diablo, si existe, no se expulsa tan fácilmente.

Tal vez se disfraza de nuestros dolores, se alimenta de nuestras debilidades y permanece en las sombras de nuestra humanidad.

Preguntas frecuentes sobre los exorcismos

¿Cualquier sacerdote puede hacer un exorcismo?

No.

Solo sacerdotes autorizados por su obispo pueden realizar exorcismos formales.

Existen oraciones de liberación que cualquiera puede rezar, pero el exorcismo mayor es exclusivo de un exorcista designado.

¿Un exorcismo funciona en una sola sesión?

En la mayoría de los casos, no.

Lo que viví en Roma me mostró que suelen ser necesarias varias sesiones.

La mujer que presencié tardó semanas en recuperar su calma.

¿Puede confundirse una enfermedad mental con una posesión?

Sí.

Por eso la Iglesia exige evaluaciones médicas y psicológicas previas.

Muchas personas que parecen poseídas en realidad padecen depresión, epilepsia o esquizofrenia.

¿Otras religiones también creen en posesiones?

Sí.

En el islam existen los jinn, en el hinduismo los espíritus malignos, en religiones africanas y americanas se habla de energías negativas. Todas tienen rituales de expulsión.

¿Es peligroso un exorcismo?

Puede serlo si lo realiza alguien sin preparación, porque la persona en crisis puede autolesionarse o dañar a otros.

Por eso la recomendación es acudir siempre a líderes espirituales reconocidos y, en paralelo, a especialistas de la salud.

Entonces, ¿un exorcismo expulsa al diablo?

Mi conclusión, después de años investigando, entrevistando y presenciando rituales, es que sí expulsa algo, pero no siempre al diablo literal que imaginamos.

Expulsa culpas, miedos, dolores, traumas.

Expulsa lo inexplicable, dándole forma a través del ritual.

A veces ese acto simbólico basta para que una persona recupere su vida.

He visto cómo una mujer en Roma volvía en sí después de gritar durante horas.

He escuchado a un pastor mexicano decir que el demonio era la droga que destrozaba a su comunidad.

He acompañado a familias en India que juraban que su hijo sanó gracias a los mantras.

Todo eso me enseñó que el exorcismo, más que magia, es una forma de devolver esperanza en medio del caos.

¿Expulsa al diablo? Quizás. ¿Expulsa el dolor humano? Sin duda.

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