Negocios

¿Qué aviones ha comprado Argentina en los últimos años?

Por Notas al Minuto•2025-08-06
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La modernización de la Fuerza Aérea Argentina ha sido uno de esos temas que aparecen cada tanto en las noticias, pero que pocos siguen de cerca más allá de la foto con el avión recién llegado.

Sin embargo, lo que hay detrás de cada compra , y de cada intento fallido— dice mucho más sobre el país que la pintura de camuflaje o los números del contrato.

Como periodista especializado en el sector de negocios, he seguido de cerca las decisiones de inversión de Argentina en su sector de defensa, particularmente en la adquisición de aeronaves, que reflejan tanto prioridades estratégicas como limitaciones económicas.

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Y cuando uno analiza con lupa estas adquisiciones, aparecen las tensiones típicas: necesidad de modernización vs. restricciones presupuestarias, urgencias técnicas vs. embargos históricos, alianzas políticas vs. neutralidad discursiva.

A continuación, te cuento cuáles fueron los aviones comprados por Argentina en los últimos años, qué implican en términos geopolíticos y por qué muchas veces la noticia no termina cuando se cierra el contrato.

Una historia reciente de cielos frustrados: Super Étendard Modernisé

Empezamos por uno de los casos más comentados y, al mismo tiempo, más frustrantes: los Super Étendard Modernisé (SEM) adquiridos a Francia en 2018.

La idea sonaba lógica: reforzar la capacidad aeronaval con aviones que habían sido modernizados por el ejército francés. Pero la historia no terminó bien.

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Recuerdo haber investigado la compra de los cinco aviones Super Étendard Modernisé a Francia en 2018, un negocio que generó mucha controversia.

Me impresionó cómo, a pesar de la inversión de 12,5 millones de euros, estas aeronaves nunca volaron debido a problemas con componentes vencidos, como los asientos eyectables, que no se pudieron reemplazar por el embargo británico post-Malvinas.

Aquel episodio reflejó algo muy argentino: comprar con apuro y sin garantizar el soporte técnico completo, un error que se repite en varios sectores.

La operación fue criticada desde múltiples frentes, incluso por sectores de las propias fuerzas, al quedar los aviones “guardados” en hangares, con un costo importante pero sin valor operacional.

Fue frustrante ver cómo una decisión de negocios, que parecía revitalizar la capacidad naval, terminó en aviones almacenados en hangares, generando críticas y debates sobre la planificación y ejecución de la compra.

El regreso de la velocidad supersónica: la compra de los F-16 daneses

La noticia del año 2024 en materia de defensa aérea fue, sin duda, la compra de 24 aviones F-16 a Dinamarca.

Este acuerdo, valorado en unos 300 millones de dólares, marcó un antes y un después para la Fuerza Aérea Argentina.

Más recientemente, en 2024, cubrí con entusiasmo la adquisición de 24 aviones F-16 a Dinamarca, un acuerdo valorado en unos 300 millones de dólares, con financiación parcialmente respaldada por Estados Unidos.

Me llamó la atención la narrativa de “recuperación de capacidad supersónica” para la Fuerza Aérea Argentina, algo que no se veía desde la desprogramación de los Mirage en 2015.

El acuerdo incluyó entrenamiento, mantenimiento y sistemas asociados, aunque , como suele pasar,  los detalles finos de entrega y armamento todavía no están del todo claros.

Lo más interesante, sin embargo, no fue solo el modelo de avión, sino lo que implicó a nivel geopolítico.

Argentina venía analizando otras opciones, como los JF-17 Thunder de fabricación chino-pakistaní o los HAL Tejas indios, pero se inclinó por una plataforma occidental.

Sin embargo, también noté el trasfondo geopolítico: la decisión de optar por los F-16 en lugar de los JF-17 chinos, lo que reflejaba un alineamiento estratégico con Washington.

Como periodista, me intrigó cómo esta compra, aunque celebrada como un hito, también generó preguntas sobre el costo total (incluyendo armamento y mantenimiento) y los plazos de entrega, que aún no están del todo claros.

El respaldo de Estados Unidos en la financiación fue clave, pero también lo fue el veto británico latente: cualquier avión con componentes británicos es automáticamente una complicación para Argentina.

El F-16 cumplía con el requisito de estar “libre de piezas sensibles al embargo”, aunque aún está por verse cómo se manejará la logística de mantenimiento a largo plazo.

Otros refuerzos: Pampa III, Hercules y aviones utilitarios

Aunque los F-16 se roban los titulares, Argentina ha sumado otros aviones a su flota militar en los últimos años, algunos de producción nacional y otros mediante acuerdos de modernización.

Entre ellos se destacan:

  • IA-63 Pampa III: fabricados en FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), con capacidad de entrenamiento avanzado y ataque liviano. Su producción ha sido lenta pero constante, con incorporaciones al escuadrón de Tandil.
  • C-130 Hercules: aviones de transporte pesado que fueron modernizados con ayuda de EE.UU. en Córdoba. Algunos incluso participaron en misiones humanitarias.
  • Beechcraft TC-12B Huron: usados para entrenamiento y transporte. Vinieron como parte de una cooperación con EE.UU.
  • Helicópteros Bell 407 y 206: adquiridos con objetivos múltiples, desde entrenamiento hasta rescate.

Estos refuerzos tienen menor perfil mediático, pero cumplen funciones clave en la operatividad diaria de las Fuerzas Armadas, sobre todo en logística y apoyo humanitario.

¿Cómo se financian estas compras?

Este es uno de los temas menos tratados pero más importantes.

Porque comprar aviones es solo el primer paso, después viene el mantenimiento, la logística, los repuestos, las armas compatibles, la capacitación de pilotos y técnicos.

En el plano comercial, me ha sorprendido la complejidad de estas operaciones.

Cubrir estos temas implica desentrañar no solo los números, sino también las negociaciones diplomáticas y las restricciones técnicas, como la necesidad de evitar componentes británicos.

En el caso de los F-16, Estados Unidos financia parcialmente el acuerdo, aunque el monto exacto del crédito no se ha hecho público.

En otras operaciones anteriores (como con los Beechcraft o helicópteros), se recurrió a donaciones, leasing o programas de cooperación internacional.

Sin embargo, todas estas alternativas comparten una misma dificultad: garantizar sostenibilidad financiera a largo plazo.

También he percibido un sentimiento de urgencia en las Fuerzas Armadas argentinas por modernizarse, pero siempre limitado por la realidad económica del país.

Cada vez que entrevisto a expertos o fuentes militares, siento una mezcla de orgullo por estas adquisiciones y preocupación por cómo se gestionarán los recursos a largo plazo.

Más que aviones: lo que estas compras dicen del país

Detrás de cada compra militar hay mucho más que un avión con alas.

Están las decisiones políticas, los alineamientos internacionales, las prioridades presupuestarias y las apuestas estratégicas.

Mi experiencia al cubrir estas compras ha sido un ejercicio de equilibrar el optimismo por la modernización militar con un análisis crítico de los desafíos logísticos, financieros y políticos que enfrentan estas decisiones en Argentina.

Argentina no compra porque quiere, compra cuando puede.

Y eso se nota.

El caso de los Super Étendard lo demuestra: una mala negociación, en un mal momento, con componentes vetados.

En cambio, el caso de los F-16 muestra una operación más estratégica, con respaldo externo y una visión a largo plazo, aunque todavía con puntos ciegos.

¿Qué esperar a futuro?

Las señales desde el Ministerio de Defensa apuntan a seguir con la modernización, pero de forma escalonada y condicionada al contexto económico.

Además de aviones, hay interés por drones tácticos, sistemas de radar y defensa aérea terrestre.

Pero, por ahora, el gran salto fue la vuelta a la aviación supersónica con los F-16, que deberían comenzar a llegar entre 2025 y 2026.

Argentina aún enfrenta un dilema: cómo mantener la soberanía operativa sin depender de donaciones o préstamos externos.

Las compras de aviones seguirán siendo parte de esa ecuación, pero también lo serán las decisiones sobre construcción local, mantenimiento autónomo y planificación de largo plazo.

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