Turismo

Curiosidades de la Torre del Oro de Sevilla que te van a sorprender

Por Notas al Minuto•2025-07-23
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La Torre del Oro de Sevilla no solo es uno de los monumentos más fotografiados de la ciudad, sino también uno de los que más historias, usos y leyendas guarda entre sus muros.

A simple vista puede parecer solo una torre bonita junto al río Guadalquivir, pero la realidad es que es mucho más que eso.

He tenido la suerte de visitar esta torre varias veces como periodista especializado en turismo, y no exagero cuando digo que cada visita me ha dejado con una nueva anécdota o curiosidad que no conocía antes.

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En este artículo te voy a contar todo lo que sé sobre ella: desde su arquitectura hasta sus usos más insospechados, pasando por esas pequeñas joyas de información que la mayoría desconoce.

¿Por qué se llama Torre del Oro?

Empecemos por la pregunta más común.

Mucha gente asume que el nombre viene de que se almacenaba oro procedente de América durante los tiempos del comercio colonial.

Y aunque es una historia atractiva, no es del todo cierta.

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En una de mis visitas, un guía local ,de esos que te cuentan la historia como si la vivieran, nos explicó que la torre debe su nombre al reflejo dorado que producían los azulejos que originalmente la recubrían.

La torre brillaba literalmente bajo el sol sevillano, creando un efecto que se veía desde la otra orilla del río.

Hoy ese brillo ha desaparecido, pero el nombre ha perdurado como un recuerdo romántico del pasado.

Su extraña forma y su función original

Si te fijas bien, la torre no tiene una forma redonda ni cuadrada.

Es dodecagonal, es decir, tiene doce lados. Este diseño no fue por capricho, sino por cuestiones defensivas.

Construida en el siglo XIII durante el periodo almohade, la Torre del Oro formaba parte del sistema de defensa de la ciudad.

Servía para controlar el tráfico marítimo del Guadalquivir, que en esa época era la vía principal para entrar a Sevilla.

Una cadena gruesa se extendía desde la torre hasta la otra orilla para bloquear el paso a posibles invasores.

A mí, personalmente, me impactó saber que una estructura tan aparentemente pequeña había tenido un rol tan estratégico y crucial.

Prisión, capilla y hasta almacén

Lo que más me fascina de la Torre del Oro es su versatilidad a lo largo de los siglos.

Uno pensaría que una construcción tan compacta tendría un único uso, pero nada más lejos de la realidad.

Durante distintas etapas de la historia fue utilizada como:

  • Prisión militar, gracias a su ubicación estratégica y robustez.
  • Capilla, en tiempos de fuerte influencia religiosa.
  • Almacén de pólvora, un uso que casi la hace desaparecer tras una explosión.
  • Oficina administrativa y posteriormente museo.

Lo más increíble fue escucharlo de boca de un sevillano apasionado, que nos contaba estos usos con un brillo en los ojos, como quien habla de un abuelo aventurero.

Subir sus escaleras: una experiencia única

No es solo lo que se cuenta sobre la Torre del Oro, es también lo que se siente al recorrerla.

Subir sus estrechas escaleras de caracol es como viajar en el tiempo.

La sensación de estar dentro de una estructura que ha resistido guerras, inundaciones y el paso de los siglos es muy especial.

La vista desde arriba es otro nivel.

Tienes el Guadalquivir a tus pies, el perfil de la ciudad desplegado frente a ti, y en días claros incluso puedes ver hasta la Giralda.

Es imposible no sacar la cámara ,yo lo hice sin pensar, pero también merece la pena detenerse un momento y simplemente observar.

El Museo Naval: pequeño pero muy potente

Uno de los secretos mejor guardados de esta torre es que alberga un pequeño pero interesante Museo Naval.

No esperes un museo de grandes dimensiones ni interacciones digitales, pero sí una colección de objetos que te hacen volar la imaginación.

Verás:

  • Maquetas de galeones y naves históricas.
  • Mapas antiguos que muestran cómo se veía el mundo entonces.
  • Instrumentos de navegación que parecen salidos de una novela de aventuras.

Cuando estuve ahí, había un ambiente íntimo, casi como si la torre misma te susurrara sus secretos.

La conexión entre el edificio y su contenido es perfecta: estás dentro de una estructura construida para defender el río, mirando mapas que muestran rutas por ese mismo río hacia el Nuevo Mundo.

Una torre que sigue viva

Hay un detalle que nunca se me va a olvidar.

En una de mis visitas, coincidí con un grupo de escolares que debatían en voz alta si la torre era “realmente de oro”.

Escuchar sus ocurrencias y teorías disparatadas fue un momento mágico.

Me recordó que, aunque tenga casi 800 años, la Torre del Oro sigue despertando curiosidad y emoción.

Ese día entendí que la historia no está muerta ni encerrada en libros, sino que vive en la imaginación de quienes se acercan a conocerla.

Más curiosidades que quizás no conocías

Aquí van algunos datos que seguro te sorprenden:

  • La torre iba a ser demolida en el siglo XIX, pero un grupo de ciudadanos se opuso y logró salvarla.
  • En su origen estaba unida por una muralla a la Torre de la Plata, otra estructura defensiva hoy menos conocida.
  • El brillo dorado que le dio nombre se logró gracias a una mezcla de cal, mortero y paja prensada, aplicada sobre sus muros.
  • Fue testigo del terremoto de Lisboa de 1755, que causó graves daños en Sevilla.
  • En su interior vivieron soldados, presos y hasta religiosos en diferentes épocas.

Qué tener en cuenta si quieres visitarla

Si estás en Sevilla o planeas venir, no dejes de entrar a la Torre del Oro.

La entrada es muy asequible y los lunes es gratuita, lo cual es un buen dato si viajas con presupuesto ajustado.

  • Horario: de lunes a viernes de 9:30 a 18:45, y sábados y domingos de 10:30 a 18:45.
  • Precio: Generalmente 3€, con descuentos para estudiantes y jubilados.
  • Ubicación: Paseo de Cristóbal Colón, junto al río y muy cerca del centro histórico.

Además, puedes combinar la visita con un paseo por el Puente de Triana o una vuelta por el barrio del Arenal.

Te aseguro que es un plan redondo.

Una torre que resume siglos de historia sevillana

Para mí, la Torre del Oro no es solo un monumento más, sino un testigo silencioso de siglos de historias que sigue cautivando a quien se para frente a ella.

Y no lo digo por decir: he caminado muchas veces por la ribera al atardecer, y verla ahí, destacando en el horizonte, me sigue provocando esa misma mezcla de misterio y admiración que sentí la primera vez.

No hay duda de que la torre sigue siendo un símbolo vivo de Sevilla, un punto de encuentro entre pasado y presente, entre lo legendario y lo cotidiano.

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