La ofrenda diezmal según Jesucristo

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La acción de brindar lo que representa un porcentaje de nuestros ingresos económicos a la Iglesia, no debe ser tomada para nosotros como una obligación.

Si bien representa un deber, su significado va más allá del requisito.

Se entiende, incluso por el mismo término, que debe ser un diez porciento de cualquier ganancia.

Más, el limite o base no se encuentra explicitado por la Biblia.

En las sagradas escrituras, esta ofrenda no se regula en cláusulas específicas, sino que según lo que dice Jesús sobre el diezmo, entendemos que la cifra no significa tanto como la intención.

Entonces no habrá manera correcta o incorrecta de diezmar, siempre será válida y poderosa cuando salga de nuestro corazón.

Si bien en la lectura del Antiguo Testamento podremos encontrar pasajes referidos a la obligatoriedad de esta contribución.

Posteriormente, en el Nuevo Testamento, la palabra de Jesús nos indica diferencia a esta postura.

Tras la muerte del hijo de Dios, aquella Ley mosaica que, según Hebreos 7:5, 18;  Colosenses 2:13, 14 y Efesios 2:13-15,estableció el mandato a la comunidad de dar un diezmo, quedo anulada.

En estas nuevas escrituras las nociones acerca del compromiso diezmal son diferentes.

Corintios 9:7 expresa que cada uno de nosotros debemos dar como nos lo propusimos en nuestro corazón.

Sin tristeza o por necesidad, sino siendo dadores alegres.

Porque así nos ama Dios.

Así mismo, la cantidad no debe ser demandada por alguna institución o establecida por costumbre, sino que dependerá de la circunstancia y la intención en el momento de dar.

Según Marcos 12:43-44 sabremos que fue en el arca de las ofrendas donde el tributo de una pobre viuda significo mas que el de cualquiera con mejores posibilidades.

Fue así porque lo que dejó significaba todo para ella y, al contrario, el resto había dado solo lo que le sobraba.

Deberíamos ofrendar porque representa, como fieles del Señor, un reconocimiento a su amor, cuidado y agradecimiento a todas las bondades que desde su poder nos ofrece.

También, por saber que con esta acción destinamos parte de nuestros recaudos a la ayuda de los templos encargados de reforzar el espíritu religioso en el mundo y defender el nombre de Dios.

Además, porque seremos bendecidos por el Todopoderoso mismo.

Tanto como por un sentimiento reconfortante de dicha al saber que colaboramos con nuestro prójimo menos pudiente.

Sabremos que al ser caritativos como lo fue Dios, estamos aportando al bienestar de nuestra comunidad.

Finalmente, si no lo hiciéramos, no tendríamos un castigo concreto por parte de nadie.

Pero si estuviéramos incumpliendo con los deseos y mandamientos que el Señor impone para nosotros: ser bondadosos y compartir con nuestros hermanos.

Debemos contemplar que la mezquindad, avaricia y el egoísmo no nos llevarán a buen puerto como seres humanos.

Pero sobre todo que el amor no se expresa solamente desde el dinero o el interés, sino desde el corazón y con amor sincero a la obra de Dios.

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