10 Consejos sobre nutrición a nivel mundial

Cuando se conoce el valor de los alimentos, su modo de accionar sobre el organismo, su capacidad de metabolizarse otorgando sus nutrientes para mejorar la calidad de vida en función de la buena salud, se toma real conciencia sobre la educación básica, individual, familiar y de toda la sociedad en este tema esencial.

En primera instancia hay que conocer los alimentos para saber elegirlos. Siempre hay que preferir los alimentos naturales, tal como son recolectados (verduras, frutas, legumbres), faenados o capturados de su fuente de origen (carnes blancas y rojas en general), que aquellos otros procesados industrialmente en forma compleja y artificial que pueden llegar a alterar alguno de los nutrientes esenciales.

De los productos alimenticios, elegir siempre aquellos que mejor conservan sus propiedades originales básicas, que no fueron sometidos a insistentes procedimientos industriales que desnaturalizan su origen o que presentan dudas sobre su proceso de transformación.

Es bueno destacar que en estos momentos hay un significativo esfuerzo desarrollado por la avanzada tecnología alimentaria mundial en búsqueda de un nuevo diálogo impuesto por el consumidor en defensa propia.

Hoy la industria honesta está empeñada en asegurar las propiedades naturales de los alimentos, buscando ofrecerlos en el estado más cercano a su propia naturaleza.

Los alimentos pueden ser sólidos (carne, pan) , semisólidos (verduras cocidas, quesos cremosos) o liquidas (agua, jugo de frutas). Pueden ser inorgánicos (como el agua o las sales que no tienen vida organizada) u orgánicos. Pueden tener o no nitrógeno y por ello se les llama alimentos nitrogenados (carne, huevos) o no nitrogenados (azúcar, aceite). Todos tienen valor y cumplen una función.

Recomendaciones para una alimentación saludable

Reducir la ingesta de carnes rojas reemplazándolas por blancas y por valores proteicos similares obtenidos del reino vegetal. Las carnes rojas no deben consumirse más de dos veces por semana.

Que las proteínas del reino animal (carnes blancas o rojas) integren una sola de las dos comidas del día.

Que en las dos comidas haya abundancia de productos del reino vegetal, crudas o cocidas, en procesos simples y combinados, otorgando un espacio especial, aunque no excluyente de las otras, a las verduras intensamente verdes (broccoli, repollo) y a las fuertemente amarillas (zapallo, zanahoria).

Presentar platos lo más simple posible, evitando la recargada combinación de alimentos de un mismo origen, especialmente las mezclas de origen animal. Cuando ello es inevitable, buscar el equilibrio en el resto de los componentes del menú.

Someter el organismo a un descanso semanal de un ayuno controlado o de un medio ayuno con el ingreso seleccionado posteriormente de productos livianos, espaciados y de fácil digestión (frutas, verduras). Esto lo puede hacer el adulto siempre que no haya una contraindicación del profesional de la salud. Otro método para que el organismo descanse es beber una vez por semana, jugos de frutas y agua durante todo el día.

Beber abundante agua durante todo el día, preferentemente lejos de las comidas.

Consumir alimentos frescos y naturales en cada comida (también en el desayuno, merienda), combinados con preparaciones cocidas en el momento o conservadas en el freezer.

Reducir el consumo de café y té, de azúcar, de harinas desintegradas refinadas, de grasas de todo tipo, de cocciones prolongadas ineccesarias.

Respetar los períodos de descanso entre una y otra comida.

Tomar la última comida del día (cena o similar) alejada de la hora de dormir.