La ansiedad en los gatos

gato de Angora Turco

Los gatos son animales altamente rutinarios, tanto en sus costumbres como en la forma que tienen de vivir su entorno.

Las variaciones que se pueden producir, tanto en su salud física como en el entorno, pueden producir un estado de ansiedad en el gato.

Esta puede ser mínima o expresarse de un modo tan potente que comprometa la salud de nuestra mascota o también puede alterar seriamente su capacidad de convivir.

Es importante definir a que le llaman ansiedad los veterinarios. La ansiedad es un estado en el cual el gato reacciona desde el punto de vista físico y/o conductual, con miedo. La situación no necesariamente implica un peligro para el gato, pero reacciona como si lo fuera.

Esto determina que la conducta del mismo se desorganice de un modo variable de acuerdo al nivel de ansiedad, pero que implica un descenso en la adaptabilidad del gato.

Los gatos son animales muy rutinarios y los cambios en su medio ambiente o en su salud pueden producirle estados de ansiedad que pueden llegar a ser muy serios. Las manifestaciones de este estado pueden ser físicas, conductuales o ambas. Veamos los aspectos físicos.

El aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria no es tan frecuente como en los perros, pero puede verse.

Los síntomas digestivos son bastante más comunes, y se caracterizan por una aceleración del transito intestinal, con deposiciones de menor consistencia.

Al examinar las pupilas y los cojinetes de un gato en estado de ansiedad podemos ver dos tipos de situaciones. Si el gato está ansioso y asustado veremos las pupilas dilatadas y los cojinetes mojados.

Pero si el gato pasa del miedo a la agresión, las pupilas se contraen y los cojinetes se secan. Especial cuidado cuando notamos esto, ya que la probabilidad de una agresión es máxima.

Veremos las alteraciones que se pueden producir en el comportamiento de nuestro gato, cuando atraviesa por un estado de ansiedad. Por supuesto que no es necesario que todas las manifestaciones se encuentren presentes.

Las conductas de alimentación y de aseo suelen estar alteradas en menos. El gato come menos, y no presta la atención que acostumbra a su limpieza.

Pero en ambas situaciones puede ocurrir lo contrario. Puede comer muchísimo y tener una conducta obsesiva con el acicalamiento, pudiendo llegar a perder pelo en las zonas donde el animal insiste con la limpieza.

El sueño también puede variar, casi siempre en menos. El gato duerme muy poco.

Pero el marcaje es una de las conductas que más se altera, y más molesta a las personas. Puede orinar en lugares donde jamás lo hacía, de un modo muy persistente.

Otra de las conductas que más llaman la atención es el aumento de la agresividad, sobre todo si se trata de un gato tranquilo.

En todos los casos recomendamos consultar con el veterinario.

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